martes, 1 de enero de 2013
domingo, 30 de diciembre de 2012
Mis primeros tenis de escalada, unos Tenis Toño.
Quizá para muchas
personas el nombre de Antonio Ramos dentro de la escalda no les diga mucho,
pero si hablamos de Tenis Toño la historia cambia radicalmente, porque entonces
lo extraño sería quien no haya escuchado hablar de él. Aunque seguramente me
contó la historia, francamente no recuerdo como llegó a la escalada, pero de lo
que si estoy seguro es que llegó mucho antes que la mayoría de nosotros.
Debo haberlo conocido
alrededor de 1990 ó 91, como muchos de nosotros, la razón es que andaba en
busca de unos tenis de escalada. En ese tiempo no era sencillo conseguirlos, no
había tiendas especializadas en México y tampoco había internet como para encargarlos
por ese medio. Pero sin duda, una de las primeras cosas que escuchabas, era que
podías conseguir unos Tenis Toño. Y así
fue que lo conocí.
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| Escalando en el Ajusco con mis primeros Tenis Toño (rosas). |
Recuerdo que mis
primeros tenis me los regaló un buen amigo y
también recuerdo haberle dicho que los quería rosas, así es, rosas. Para
los de mi generación (o anteriores) no hay nada raro en escuchar que quería
fueran de ese color, pues en esos tiempos para estar “In” tenías que usar
mallitas de colores (mientras más chillones los colores mejor) y que todo tu
equipo, incluyendo los tenis, fueran de color morado, rosa, amarillo, etc. En
pocas palabras, que no pasaras desapercibido.
Y así fue, unos días
después llegaron mis primeros tenis de escalada, rosas como los había pedido.
En ese tiempo solo era necesario dibujar tu pie en una hoja de papel y Toño se
encargaba del resto. Antonio Ramos, Toño, Toñiux, era un singular artesano/zapatero,
hacía los tenis de principio a fin prácticamente con sus manos y unas cuentas
herramientas rudimentarias.
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| Compitiendo en el Plan Sexenal con mis Tenis Toño (rosas). |
Su pequeño taller,
ubicado en la parte trasera de su casa contaba con lo necesario, diversas
hormas de madera, una buena cantidad de piel de diferentes colores, cámaras de
llanta de avión, resistol 5000, una máquina de coser y un pequeño esmeril. Pero
ahí lo realmente importante, lo indispensable, era su talento. Era un deleite ver
la facilidad con la que modificaba las hormas, el cómo trazaba los diseños en
la piel, como cortaba el hule con una segueta, en fin, cómo le daba vida a un
calzado tan especializado.
Quizá para mí lo más
sorprendente era ver la gran pasión con la que lo hacía y como se esmeraba en
mejorar lo que de por sí ya era un gran producto. Por alguna razón digamos que
me adoptó como su Conejillo de Indias (por lo cual le estaré por siempre
agradecido); comenzó regalándome un par y pidiéndome que los probara para ver
qué se les podía mejorar y después de ese primer par, vinieron muchos más años
y más pares, siempre experimentando, siempre mejorando.
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| Pangea, Potrero Chico con Tenis Toño. |
Podría escribir hojas
y hojas sobre Antonio Ramos, sobre Tenis Toño, sobre Toñiux, pero estoy seguro
de que solamente soy uno más de los cientos y cientos de mexicanos que
podríamos contar un sinfín de experiencias que vivimos con él o incluso sin
haberlo conocido, pero que con sus tenis cada uno de nosotros escaló sus
propias cumbres. Quizá hoy en día, todavía somos muchos más los que con orgullo
podemos decir que nuestros primeros tenis, fueron unos Tenis Toño.
Te fuiste tú Toñiux, casi
en el anonimato, pero tus tenis se quedarán por años alcanzado cimas, alcanzado
sueños. Como dije antes, tus tenis tenían algo de piel, algo de hule y unas cuantas
costuras, pero sin duda, tenían mucho pero mucho corazón.
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| En el Centro Ceremonial Otomí probando un nuevo diseño. |
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| Ansioso por probar un nuevo modelo en el Rincón de los Venados. |
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| En La Huasteca con el buen Repollo y Tenis Toño. |
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| Compitiendo en la UPAEP, Puebla. Con Tenis Toño. |
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| Paroxismo, 2do Dínamo con Tenis Toño (combinando con el short) |
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| Haciendo bloque en Plutonia, Potrero Chico, con los tenis y la playera bien puesta. |
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| Cumbre de Sendero Luminoso, Potrero Chico. Mis Tenis Toño preferidos. |
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| En una clásica de El Diente, Sortilegios, con Tenis Toño. |
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| Otra clásica en el 1er Dinámo, con Tenis Toño. |
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| Haciendo bloque en el Ajusco con Tenis Toño. |
viernes, 28 de diciembre de 2012
De regreso a los inicios, el Segundo Dínamo.
Como ya es costumbre y sin nadie a quien culpar
(además de a la falta de tiempo), el blog suele estar un tanto abandonado y con
eso de que el mundo se iba a terminar, pues había que concluir con todos los
pendientes, que en realidad nunca se terminan por dos sencillas razones: a
diario se siguen acumulando y siempre damos prioridad a lo urgente (en
ocasiones parecido a lo que sucede en la escalada… nos urge encadenar un
proyecto para pasarnos con prisa al siguiente).
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| Paroxismo, justo el pegue del encadene, poniendo cintas (Red Point) |
Como en realidad no se trataba del fin del mundo sino
del inicio de un nuevo ciclo, hemos preferido aprovechar el tiempo de una
manera distinta pero sin dejar de escalar; pusimos el freno de mano, la marcha
en neutral y hemos echado una mirada por el retrovisor para ver lo que se ha
quedado atrás y en ocasiones hasta cierto grado en el olvido.
Grandes zonas, excelentes escuelas y rutas
inigualables que nos recuerdan que no todo el tiempo los números y las letras
fueron lo más importante; definitivamente lo han sido y lo seguirán siendo, es
parte de la evolución natural, pero más importante que el grado, recuerdo la
importancia de los nombres de las rutas y de la aventura implícita que había en
ellas. Hace un par de días le dije a Quetzali que hacía mucho tiempo no me
emocionaba tanto encadenar un 5.11c y aunque seguramente pensó “este guey ya dio el viejazo”, después de
hacer otras rutas estoy seguro que comenzó a entender mucho mejor a lo que me
refería.
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| Ataque psicológico (toda una anécdota el por qué del nombre) |
Rutas deportivas pero con cierto toque de aventura (y
por qué no decirlo, en ocasiones de riesgo también). Eran otros tiempos y otras
las motivaciones, ni mejores ni peores a lo que predomina hoy en día, solamente
diferentes. Me ha hecho hasta pensar que en cierta medida el “miedo a volar” es
un valor heredado. Y digo un valor porque muchas veces era justamente ese miedo
a caer (con plena justificación) lo que te llevaba a encadenar la ruta, sano y
salvo aunque con una taquicardia mortal y una falta de azúcar que ni diez
Chocotorros podían compensar.
El Segundo Dínamo es un gran ejemplo de ello, fue al
menos en la zona centro del país quizá uno de los parte aguas que dio inicio a la expansión y desarrollo de nuevas
zonas deportivas; en mi opinión, sin duda una de las mejores escuelas y la cual
no debería faltar en la agenda de las nuevas generaciones. Cuando dejamos de
visitar ésta zona fue pensando en buscar dificultades aún mayores, escalar 5.13,
5.14, digamos que fue con el objetivo de “titularnos” en la materia de Escalada
Deportiva, pero después de hacer 5.14b y estar probando 5.14c, creo que es buen
momento de regresar de vez en cuando a los Dínamos para hacer un posgrado en “Aprendiendo
a pisar finito” y la maestría en “No me quiero caer, nivel 2”.
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| Paroxismo hace algunos ayeres. |
Un poco de escalada con un ligero toque de aventura va
bien para comenzar éste nuevo ciclo, rutas en las que las placas se separan los
metros suficientes como para pensar por qué no hay una o dos placas intermedias,
rutas en las que la primera placa está a la altura del crux de “La Llorona” (14
metros aprox.), rutas en las que primero haces el paso duro y luego proteges,
en fin, como dije antes, ni mejores ni peores, solamente diferentes (y bien equipadas
de acuerdo a la época en que se armaron).
Aún recuerdo mi época de Alex Honnold (mega extra
recontra súper REGIÓN 4x8) en la que se me ocurrió solear “Bandidos de Río Frío”
o “Socialismo o Muerte” además de varios dieces y onces fáciles, que ahora que
las repetí bien encordado me pregunté… ¿En qué estaba pensando? Como también
dije antes, eran otros tiempos y otras mis motivaciones.
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| Con Carlos García "Mac"; a la dercha El Diedro Negro, Visión del Movimiento y Residuos Tóxcos. |
En fin, seguiré buscando titularme en la materia de Escalada
Deportiva durante todos los años que implique dar el “viejazo”, porque es claro
que aún tengo el objetivo de encadenar 5.14c, 5.14d y lo que se deje, pero
siempre es bueno mirar hacia atrás de vez en cuando y recordar lo mucho que nos
gusta y nos apasiona encadenar rutas, pero sobre todo vivir aventuras.
| Con más años y menos pelo, disfrutando la vista desde Solaris. |
sábado, 30 de junio de 2012
Javier Canché, un constructor de sueños.
Dice
un famoso autor que “la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace la vida
interesante”, pero en tu caso yo añadiría que no se trató de un sueño, sino de
la construcción permanente de ellos, tanto de los propios como de los ajenos,
sin importar cuán simples o difíciles parecieran.
Recibir
la noticia de tu partida, al menos en mi caso, fue tan duro como recibir la de
la partida de mi padre, que si algo tienen en común más allá de que los dos se
llamaban Javier y que ambos partieron a ese nuevo viaje desde Mérida, es que se
nos fueron antes de tiempo y que la ausencia de uno duele tanto como la
ausencia del otro.
Hace
unos días, tu mamá nos pidió platicar algunas historias, anécdotas o
experiencias que hubiéramos compartido contigo, hablaron algunos de tus grandes
amigos mientras todos escuchábamos con atención; todas fueron historias
divertidas y cómo podría ser de otra manera tratándose de ti. En cierto momento
me pidió también a mi compartir algo y fue poco lo que pude decir, no solamente
porque la voz se me cortaba, sino porque quería transmitir algo que realmente
te caracterizara, además de lo divertido.
Estando
ahí, sentado frente a todos, solamente pude decir que las historias de escalada
eran muchas y entonces me limité a platicar como nos ayudaste a construir un
pequeño pero ansiado sueño; fui muy breve, el más breve diría yo, pero desde
ese momento me vino a la mente compartir tu verdadera esencia, la de un constructor
de sueños, como dije al principio, de los propios y de los ajenos.
Porque
tu esencia está plasmada en innumerables lugares y cosas, pero más allá de eso,
todos los que tuvimos la fortuna de conocerte, sabemos que algo de ti se quedará
por siempre en nosotros también. Construiste agarres, construiste muros,
construiste rutas (entre muchísimas otras cosas que hiciste) y estoy seguro de
que todos por lo menos una vez soñamos en esos agarres, en esos muros y en esas
rutas.
Habrá
quienes soñaron desde ser campeones nacionales, hasta quienes sueñan con ser
campeones del mundo; desde quienes soñaron tener un muro en casa, hasta quienes
deseamos un espacio para compartir la escalada; desde quienes escalaron una vez
en su vida sin imaginar que fuiste tú quien trazó la ruta, hasta quienes
llevamos más de media vida escalando y hemos soñado una y otra vez subiendo tus
rutas.
Y
citando nuevamente al autor “tú has sido capaz de cumplir tu Leyenda Personal, aquello
que siempre deseaste hacer; porque seas quien seas o hagas lo que hagas, cuando
deseas con firmeza alguna cosa, es porque este deseo nació en el alma del
Universo, es tu misión en la Tierra y cuando es así, todo el Universo conspira
para que realices tu deseo”. Y así fue.
Definitivamente
hubo muchas historias, anécdotas y experiencias, días de escalada y de trabajo,
diseñando bloques o equipando rutas, corriendo de las avispas o simplemente
charlando, en Jilotepec o en Actopan, riendo o muertos de la risa, pero de
todas esas historias prefiero compartir la del inicio, prefiero compartir que
fuiste un gran amigo, pero sobre todo y mejor que nadie, que fuiste un
auténtico constructor de sueños.
Siempre te vamos a recordar tocayo.
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